Barcelona, año 1.982

El viaje a Barcelona es otro de esos hitos que uno no olvida...

Descubrí una ciudad que me enamoró... y creo que le juré fidelidad eterna sin darme cuenta... 

Andaba yo, por aquel entonces, metido de lleno en el mundo del teatro... un espacio sin igual, en el que convives con toda la creatividad de que es capaz el ser humano...

No lo sabía aún, pero a lo largo de la década de los ochenta vería estrenadas siete de mis obras teatrales (KELTIKE, NANTA ENAC LUF, ESPADA O PRATO, NEMET, CRISTOPHORUS COLUMBUS, O PAPAMOSCAS VEXETARIANO, PETRA E KARIM)... y recorrería los escenarios ibéricos disfrutando de experiencias impagables... El contacto con el público y todo lo que rodea una puesta en escena me otorgó una percepción global que necesitaba... y la experiencia necesaria para afrontar los retos creativos que, desde siempre, había impuesto a mi trabajo.... 

También fue el tiempo de probar (esta vez como actor) la experiencia en el cine... en una película titulada FRESAS AMARGAS, que me proporcionó una visión fascinante del séptimo arte... junto con la ocasión de calibrar lo malo que era como actor y el trabajo que, serlo, me llevaba...