
Ourense, año 1.968
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Cursaba segundo de bachillerato en el Instituto Masculino de Ourense (por aquel entonces solo había dos, el de los hombres y otro para las chicas que quedaba en el otro extremo de la ciudad).
Por primera vez salía de mi habitat natural... me enfrentaba a la dura experiencia de ser un "niño de aldea" que trataba de estudiar en la ciudad... y eso, aunque os cueste creerlo, era algo en extremo complicado...
Me recuerdo como un estudiante medio... al que le gustaban especialmente las matemáticas, la filosofía, la historia y la literatura... que odiaba profundamente aquella asignatura llamada "Formación del Espíritu Nacional" (diseñada para mentalizarnos de que la dictadura franquista era lo mejor que podría pasarnos), impartida por un estúpido bajito y orondo (José Luis Blanco) que presumía de tener 12 hijos y poseer todas las medallas falangistas que existían.
Por ese año comencé a escribir... concretamente una novela (que aún guardo) y poemas sueltos que archivaba en dos carpetas... bajo los epígrafes de "LEGALES" e "ILEGALES"...
Como es de suponer los "Legales" estaban escritos en castellano... y con ellos gané varios premios en certámenes literarios... El primero de dichos premios fue en el año de la fotografía, en un concurso del Instituto; me dieron un libro de Ignacio de Aldecoa (el primero de mi biblioteca personal) que, aún hoy, llevo conmigo a casi todos lados...
Los archivados como "Ilegales" estaban escritos en idioma gallego... bueno, en realidad los escribía todos en gallego y luego traducía, algunos y para presentarlos a los certámenes, al castellano...
Unos y otros son bastante malos... muy ingenuos... y excesivamente rimados... ¡que conste en acta!
Seis años en el Instituto (de segundo a sexto de Bachillerato y el COU) me llenaron de muchísimas cosas... unas buenas y otras malas...
Allí viví la represión idiomática de los escasisimos "gallego-parlantes" (estuvieron en un tris de expulsarme por presentar un trabajo en gallego de uno obra de Martin Vigil, "Los curas comunistas")... pero también tuve las primeras novias (recuerdo a la primera, Pili, y lo ingenuos que éramos cuando, con no más de 13 años, nos besábamos)... y tantas cosas que no solo me formaron académicamente, sinó que construyeron, ladrillo a ladrillo, una forma de entender la vida y una causa por la que vivirla a cada instante...
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