(Iovanna...
Refugiada en la penumbra soleada... navegante de sueños y hacedora de
mares... huidiza... grácil... morena y guapa....
Una sombra perdida entre el quinto escalón y el rellano... una sombra
en la
noche... silenciosa... dormitando... callada...
Y la noche que le abraza... ¿como es...?, ¿como haré para que podáis
imaginarla...?
Es una noche de noches... una noche de esas en las que brilla el lucero
y el
alba se presagia... una noche... una de esas sin tiempo pero con alas...
diseñadas para leer una piel y hacer plegarias de poesía mientras
gotas de
sudor y de champán mojan el negro raso negro de las sábanas...
Navegante de sueños... hacedora de mares... ebria de raza y los ojos
abiertos como platos...)
Una lata de cerveza rodó callejón abajo mientras me daba
cuenta, paso a
paso, de que estaba caminando sin rumbo y sin nostalgia.
La nostalgia es un cuadro peligroso... el rumbo saca emoción a la
vida... la
cerveza, si es de marca, ayuda a perderse entre la niebla y a encontrar
la
salida cuando, queramos o no, todas las salidas fallan...
Instintivamente... quise estar pero no pude... algo en mi me empujaba
con
rabia a ser mi propio entorno, a ir más allá de mi mismo para mejor
verme y
disfrutar o padecer, ¿quien lo sabe?, de las retorcidas sutilezas de ese
yo
convertido en paisaje...
Emocionalmente estaba un tanto alterado... inestable... acongojado y
tiritando...
Quise, quizás por ello, que lloviera y llovió a cántaros... tal vez
solo
para que pudiera yo sentir como se empapaban mis ropas y el cigarro se
apagaba... tal vez, solo tal vez, para soñar con un futuro seco y cálido...
con una tacita de sopa con galletas... y una manta bajo la que quisiera
me
esperaras, aterida... tierna... como un desván vacío y olvidado...
deseando
que llegara a ti y te ocupara...
No había un alma en aquella calle sin alma... por eso detuve mis pasos
ante
la esbelta figura de aquella farola que parecía esperarme...
- ¿Como te llamas...?, ¿tienes frío...?, ¿me acompañas...?
Hubo una pausa y la lluvia se detuvo... dejó de caer, como
expectante...
Oír como deja de llover es tan inútil como mágico... ¡hay tanta
esperanza de lluvia en la sequía momentánea!... tanta fe de verte llegar corriendo
con un
paraguas y una sonrisa... ansiando cobijarme...
La lluvia en Granada tiene esas cosas que la hacen tan humana... tan
teatral... tan desconcertante para quien no sabe oler, entre sus gotas,
el
suave aroma a albahaca y luna pálida...
Y las pausas... ¡Hummm!... Las pausas aquí son acordes de guitarra... y
yo
las escucho ansiando, algún día, poder bailarlas... contigo... bajo una
manta de estrellas y abrazados por las sombras de la Alhambra...
(Iovanna...
Pedacito de ternura... ángel sin alas... perfección... dulzura... sueño
que
soñé mientras te soñaba...
Siéntate conmigo... háblame... quiero ser tu destino... quiero ser tu
amante... y quiero ser tu cama...
que la madrugada me encuentre...
que me sorprenda la noche
y el alba llegue despacio;
que me descubran "dormío"...
abrazado a tu cintura
y tiritando de frío...
convertido yo en tu sábana
y tu en mi almohada...)
La farola se sonríe... el buzón de correos me mira insomne y gruñón...
hay
un rayo de luna que juguetea con las sombras... y un callejón tenebroso
con
dos ratas y un gato maullando...
Adivino sombras de mujer deslizándose por esta Granada que duele... esta
Granada mojada...
Sentarme, entonces, fue un arrebato de rabia... la necesidad de
recapacitar
o de entender... de comprender la magia...
Cada mujer tiene su palabra secreta y mi Granada lo sabe...
Son palabras que van más allá de un "te quiero"... que
llegan mucho más
lejos de lo que llegan aquellas que conforman sus venturosas desventuras
cotidianas...
Palabras que se reservan... que se guardan... que solo se pronuncian
cuando
hay que acompañar con sonidos el hablar de las miradas...
Yo busqué esa palabra en muchos labios... y encontré que me sorprendían
cada
vez que las oía... y sentí que eran palabras de mujer que llevaban
mucho
tiempo esperándome...
Ahora... aquí... sentado y sediento de ternura... las recuerdo... las
miro y
las admiro mientras desfilan por mi mente... recién salidas de la cajita
donde guardo, en papel de seda, mis nostalgias...
Y cada una tiene un rostro que la acompaña... que le da sentido... que
la
hace eternamente perdurable...
Soy yo en ellas y ellas son mis palabras mágicas... toda una vida
escrita
alrededor de un "calla"... de un "tonto"... o de un
"canalla"... de un
"idiota" o de un "malvado"... por citar, tan solo,
unas cuantas...
Quizás esta noche la noche me acompañe y encuentre, a mi regreso, esa
palabra de mujer que intuyo me espera, solo a mi, entre unos labios...
Quizás, solo quizás, esta noche llueva en Granada... o, quizás, la
lluvia
solo haya sido un tránsito de la locura a la nostalgia...
Y se rompe la noche... como cortada por un cuchillo de esperanza...
Una sombra de mujer se ha detenido a mi lado... y me habla...
- ¿Como te llamas..?, ¿tienes frío...?, ¿me acompañas...?
- Sí... no tengo frio... mi nombre espera a que tu quieras
pronunciarlo...
(Iovanna...
Hay tanto de mi que tu no sabes...
Iovanna...
Pedacito de Granada... azahar... malvavisco... ternura... sueño que
encontré
mientras soñaba...
Siéntate conmigo... háblame... quiero ser tu destino... quiero ser tu
amante... y quiero ser tu cama...
No te contaré mis sueños... quizás porque sueño poco... o, quizás,
porque ni
los tengo ni de menos los echaba...
Lo único que me apetece es despertarte a miradas tiernas... a besos no
dados... a caricias de algodón de nube y olor a cielo de violetas
perfumadas
de escarcha...
Pero algo me lo impide... sé que no puedo... que la mañana no quiere y
el
rocío, hecho perlas, no me deja...
Pero... ¡por Granada!... te prometo intentarlo de nuevo... cuantas
veces sea
necesario...
si no me quedo dormido
en la cuna
de tus brazos
o en el colchón
de tu pelo
o entre tu dulzura...
... Iovanna.
Lo siento, mi vida... abrazado a tu cintura y tiritando de frío... me
ha
sorprendido la madrugada...
... convertido yo en tu sábana y tu... ¡y tu en mi almohada!)